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viernes, 12 de junio de 2015

Christopher Lee, el inolvidable Drácula, Saruman y Conde Dooku

El actor británico Christopher Lee, quien falleció a los 93 años el 7 de junio pasado, será recordado como una legendaria figura del cine de terror, pues dio vida a los personajes más conocidos de ese género: Drácula y Frankenstein.
Nacido el 27 de mayo de 1922 en Londres, en el aristocrático barrio de Belgravia, Lee no sólo fue un intérprete famoso en el siglo XX por encarnar al vampiro más popular: Drácula, sino también figuró en este siglo con su papel del Conde Dooku en la saga de Star Wars.
Igualmente, por el personaje de Saruman, en El señor de los anillos, y Francisco Scaramanga, en El hombre de la pistola de oro, en la saga de James Bond.
Hace un par de semanas cumplió 93 años y seguía activo en el Séptimo Arte, género en el que trabajó en más de 200 películas, pues dejó por estrenar la cinta Angels in notting hill (2014) y un proyecto inconcluso, The 11th, un drama ambientado en Copenhague, 24 horas antes de los atentados terroristas de 2001 en Estados Unidos, y que comenzaría a rodarse en septiembre próximo.
Lee perteneció a una familia formada por la condesa Estelle Marie Carandini di Sarzano y el teniente coronel Geoffrey Trollope Lee, perteneciente al 60 Regimiento de la Guardia Real Británica.
Sus padres se separaron cuando él era muy pequeño, por lo que permaneció al cuidado de su madre, quien se trasladó con él y su hermana a Suiza. Se matriculó en la academia de Miss Fisher en Wengen, donde interpretó su primer papel, el malvado Rumpelstiltskin.
Poco después su familia se mudó a Londres, y Lee entró en el selecto Colegio Wagner. Su madre contrajo nuevas nupcias con el banquero Harcourt Ingle Rose, tío del escritor Ian Fleming, creador de James Bond.
Comprometido con los principales movimientos políticos de su época, se presentó en el cuerpo de voluntarios que apoyó a Finlandia en la Guerra de Invierno que este país libró contra la Unión Soviética.
En plena II Guerra Mundial, Lee fue incorporado a la Royal Air Force, recibió entrenamiento como piloto, pero finalmente algunos problemas en su vista lo apartaron de la primera línea de combate aéreo.
Se le asignó al 260 Escuadrón, destacado en el Norte de África y posteriormente en Sicilia y la Italia peninsular. Fue asignado a operaciones especiales y de inteligencia, en las que tuvo un papel muy activo, hasta el punto de que muchas de sus misiones siguen estando aún clasificadas como secretas.
Una vez que concluyó la guerra, se retiró del servicio con el rango de teniente de vuelo, y en 1946, por influencia de su primo segundo Nicolò Carandini, embajador de Italia en Reino Unido, comenzó su carrera como actor.
En 1948 se dio su debut cinematográfico con la película Terence young, y participó en la versión de Hamlet, dirigida por Laurence Olivier.
Aunque ni siquiera salió en los créditos, ya que su papel era de un soldado que aparecía portando una lanza, este filme lo que le permitió fue conocer a Peter Cushing, que interpretaba a Osric, y con quien iniciaría una profunda amistad.
Tras pequeñas participaciones en películas y obras de teatro, consiguió un papel en La batalla del Río de la Plata, rodada en 1956 por Michael Powell y Emeric Pressburge. Esta actuación le sirvió para conseguir un contrato con la compañía que lo lanzó al estrellato: la productora Hammer Productions.
Su primera película, La maldición de Frankenstein, se estrenó en 1957 y le ofreció su primer papel como protagonista principal, dando vida al monstruo creado por Mary Shelley, y con Peter Cushing en el papel del barón Frankenstein.
En 1958 actuó con Boris Karloff en Corridor of blood, este papel sería el preludio de una larga trayectoria interpretando uno de los roles que para siempre lo caracterizaran, el conde Drácula.
El gran éxito que lograron estos filmes en taquilla reforzaron la colaboración de Lee con la productora y sobre todo con el director Terence Fisher. Bajo sus órdenes rodó tres nuevos títulos de éxito: La momia (1959), El perro de los Baskerville, ese mismo año y en la que interpretó a Sir Henry de Baskerville, y La gorgona (1960).
La crítica no escatimó elogios para Lee por su interpretación de Kharis, en La momia, considerada la mejor producción de la compañía.
Continuó trabajando para la Hammer, aunque su siguiente película, Drácula: Príncipe de las tinieblas, rodada en 1965, estuvo repleta de polémica, Lee no pronunció una sola palabra, ya que su Drácula intervino siempre de forma silente a través de expresiones faciales y lenguaje no verbal.

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